La termografía es una prueba de gran utilidad en fisioterapia que ofrece datos fisiológicos del comportamiento de los tejidos. Además, no es una prueba ionizante, invasiva, ni dolorosa y no requiere de ningún tipo de contacto. Por ello, puede ser un gran recurso para los fisioterapeutas de cara a la próxima desescalada del estado de alarma por la pandemia de coronavirus, en lo referente al control térmico de pacientes en el acceso a los centros de fisioterapia y rehabilitación.

Pero ¿cómo y para qué usar la termografía infrarroja en la era de la COVID-19? David Álvarez Prats y Óscar Carvajal Fernández, del centro de Fisioterapia Océano, ofrecieron en el webinar “Termografía infrarroja básica y aplicación frente a COVID-19”, organizado por PRIM Physio, algunas de las claves en el uso correcto de la termografía en el control térmico sin contacto de altos volúmenes de población.

Fiebre y COVID-19

Aunque no todas las personas infectadas por coronavirus presentan fiebre, lo cierto es que esta es uno de los síntomas característicos de la COVID-19. De cara a la reapertura de los centros y clínicas de fisioterapia en las próximas semanas, la termografía puede ayudar a detectar a los pacientes con un estado febril con una gran fiabilidad y, sobre todo, con seguridad tanto para el fisioterapeuta como para el propio paciente al evitar el contacto.

La termografía infrarroja es una prueba reproducible, exacta y fiable. Pero para que cumpla todas estas cualidades han de seguirse de forma estricta los protocolos de aplicación. En este caso lo que indica la normativa ISO/TR 13154:2017 sobre el uso de termografía para la identificación de personas febriles, elaborada en 2009 tras la pandemia por Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y revisada y actualizada en 2017.

En esta normativa se contempla el establecimiento de controles mediante termografía infrarroja en lugares de alto tránsito de personas con el objetivo de evitar la dispersión de la enfermedad. Las clínicas de fisioterapia pueden, en algunos casos, son lugares con mucho tránsito diario de pacientes (más de 50 personas en clínicas con equipos de 5-6 fisioterapeutas) donde puede tener sentido aplicar controles similares.

En el contexto de pandemia actual, el control de temperatura va a ser algo habitual en muchos lugares de alto tránsito de personas con el objetivo de impedir el acceso a quienes presenten un estado febril y evitar, así, la dispersión de la enfermedad. Las clínicas de fisioterapia, sobre todo las de mayor número de fisioterapeutas y consultas, son lugares con una afluencia considerable de personas y donde el control de la temperatura será imprescindible para garantizar la seguridad de los profesionales y los pacientes, junto a otras muchas medidas de protección.

Factores técnicos y ambientales para realizar termografía de forma fiable

Para hacer termografía y que esta sea fiable hay que cumplir una serie de factores técnicos, relacionados con el propio equipo tecnológico necesario. Pero también factores ambientales. Hablamos, por ejemplo, del espacio donde tiene que realizarse.

En la zona escogida la temperatura no debe ser superior a 24° ni inferior a 18°. El control de la humedad también es importante, debiendo mantenerse entre el 20-30% y el 75%. Para la iluminación del espacio donde se realice la termografía no deben usarse bombillas incandescentes, pues son focos de calor.

Preparación del paciente para la termografía

Hay que tener en cuenta que la exposición inmediatamente anterior del paciente tanto al frío como a la radiación solar directa antes de realizar la termografía puede influir de manera temporal en la temperatura captada.

Para realizar correctamente la termografía del paciente, este no puede llevar ningún elemento en su cabeza o rostro durante la toma de imágenes. Esto incluye las gafas e, incluso, la mascarilla. Sí, la mascarilla genera una exhalación que cambia totalmente la temperatura de la zona del canto mediano del ojo, lugar donde se realiza la medición.

La distancia recomendada para realizar la termografía infrarroja es de entre uno y dos metros, medida que coincide con la distancia de seguridad recomendada por las autoridades. Además, es imprescindible que la cámara esté colocada perpendicularmente a la cara del paciente y alineada con sus ojos. Para lograr la colocación correcta están los bastidores.

La imagen del rostro del paciente que se capte en la termografía infrarroja debe ocupar entre el 50 y el 75% de la imagen que se ve en pantalla.

ROI para termografía frente a COVID-19

La región de interés (ROI, por sus siglas en inglés) para la realización de la termografía para identificación de posibles pacientes febriles es la zona medial del canto del ojo. Se trata de una zona que está irrigada por la arteria supratroclear que proviene de la arteria oftálmica y, por tanto, de la carótida interna, lo que la dota de un equilibrio térmico. Además, no está tan influenciada por el ambiente ni por la termorregulación por lo que da bastante fiabilidad.

Se ha demostrado que en esta zona es necesaria una medición mínima de entre 9 y 16 píxeles para obtener una alta fiabilidad. En la correcta medición se debe calcular el rango de precisión de la cámara según instrucciones del fabricante, usar un emisor térmico constante durante la captación o realizar cálculos manuales según publican autores expertos en la materia.

La presencia de un pixel a 37° de los píxeles unilaterales no representa absolutamente nada. La presencia de 10, 16 o 35 píxeles bilaterales en la zona medial del canto del ojo sí representa un estado febril del paciente.

Siempre que las mediciones de la temperatura corporal del paciente obtenidas por termografía infrarroja den valores inferiores a 37°, no habrá problema para tratar al paciente, siguiendo el resto de recomendaciones oficiales en cuanto a medidas higiénicas y de seguridad.